7.° Matrimonio obligatorio a los treinta años, para ambos sexos.
8.° Derecho de elección para las mujeres que tengan cuatro hijos.
9.° Supresión de los monopolios del Estado y de los impuestos sobre el alcohol.
10.° Libertad del Comercio y del ejercicio de la Medicina.
Otro candidato, no menos faccioso, reclama en primer lugar la revisión del tratado de Francfort. (¿Por qué no la confinación de Roosevelt en el polo Norte?)
Yo no sé si esas gentes se forman alguna ilusión sobre las probabilidades de triunfo de su candidatura; por mi parte, yo no tengo ninguna duda sobre su mentalidad. Es verdad que aquí se está en el país en que se ríe de todo, en que la exageración misma de los rasgos del programa nos advierte que hay que considerarlo como una charge, como una caricatura.
La lucha electoral es únicamente una lucha de ideas. Un candidato tiene su temperamento, su carácter, su talento, su profesión. Mas el lector no puede juzgarlo, aparte la honradez, sino por sus ideas. Al comienzo, parece que es así. Sin embargo, a medida que el período avanza, y que el día fatídico se acerca, los candidatos llegan, o más bien descienden a una polémica indigna de ellos, y sobre todo de sus electores. Se escarba en la vida privada del adversario. De sus debilidades, si las tiene, se hacen tachas enormes. De su evolución política se hace una serie de contradicciones y de traiciones. De sus discursos se hacen extractos, que, hábilmente aislados, presentan un sentido absolutamente distinto del pensamiento integral del autor. Se lanzan mentises inicuos, y se tiene cuidado de agregar: «Los electores juzgarán». ¡Ah! si el lector juzgase convenientemente el ultraje hecho a su dignidad, enviaría a ambos contendientes con cajas destempladas.
Hay hombres contra los cuales nada pueden los adversarios. Su personalidad se impone tan sólidamente que los contrarios se quiebran en ella pico y uñas. Sin embargo, los atacan a pesar de todo. Ved este cartel:
| «Comité de concentración republicana | |
| Dos hombres | |
| M. Maurice Barrés, | M. Paul Cloarec, |
| Novelista | Economista |
| Agitador | Hombre de orden |
| Sin programa | Programa preciso |
| ¡Electores, escoged!» | |
Los electores han escogido ya y pronto verá el insólito y excelente hombre de orden, M. Cloarec, cuál es el elegido. Pero, ¿qué me decís de este pistonudo paralelo?