Todo esto, en conclusión, es tan humano como francés, y no he de ir yo a revelar a mis lectores argentinos lo que son elecciones. La ambición, como el amor, es mala consejera, aun para las mas firmes cabezas. Ser diputado es para todos una honra; para algunos una honra y un provecho; para muchos, una agradable sinecura. ¿Cómo, habiéndolo probado no se va a querer repetir? Ser candidato, aun derrotado, es haber gozado en su circunscripción, durante el período electoral, de una celebridad capaz de inquietar a Rostand mismo. Y hay candidatos que aun de la derrota sacan provecho. Así este épico, este incomparable M. Valantin Moyse candidat malheureux dans le neuvième arrondissement, como dice una gaceta. Este sujeto, que es filósofo, da las gracias a los 6.852 electores que no votaron por él, de la siguiente manera: «Vous m'avez éclairé, vous m'avez clairement fait voir que je n'avait rien à faire dans la politique. Je continuerai, donc, comme pour le passé, à m'occuper de la publicité des magasins de nouveautés.»

¡Ni en Nueva York!

La hija de Verlaine.
REALIDAD Y LEYENDA

Monsieur Edmond Lepelletier fué amigo íntimo de Paul Verlaine, desde los años del colegio. Acaba de publicar un libro sobre la vida y la obra de aquel melodioso mártir. Para la vida es un libro de rehabilitación, en parte, aclaración de hechos por irrecusables documentos; para la obra una especie de proceso mental y certificación del iniciarse o tomarse tales tendencias o deliberaciones. Lepelletier cumple con cordialidad una como disposición testamentaria de hace largos años. No se enfría con la nieve de la muerte y la piedra tumbal el afecto del más «viejo amigo», como se le llamó en un soneto dirigido de uno de tantos hospitales, el Cochin:

Mon plus vieil ami survivant

d'un groupe déjà de fantômes

qui dansent comme des atomes

dans un rais de lune devant.

Nos yeux assombris et rêvant