sous les ramures polychromes
que l'automne assouplit en dômes
funèbres ou gémit le vent.
Bah! la vie est si courte, en somme!
un sot réveil après un somme!
qu'il ne faut plus songer aux morts
que pour les plaindre et pour les oindre
de regrets exempts de remords,
car n'allons-nous pas les rejoindre?
Y en una carta a su madre, dice Verlaine, desde la prisión de Mons... «Que Lepelletier defienda mi reputación. Podría ser que fuese, antes de poco, mi memoria. Cuento con él para hacerme conocer mejor, cuando ya no exista, allí...» Lepelletier, buen escritor, alejado de la literatura quizá por asco de la vida literaria, aunque no hay mucha algalia en los muladares de la política, su preferida, vuelve a tomar su vieja pluma, y hace un volumen sereno, justo, fraternal, sin retórica, firme, exento de sentimentalismo y claro de verdad. El Pobre Lélian queda limpio, hasta lo posible, del maligno lodo legendario que él mismo recogió y aumentó, gamin excesivo, para su propia maculación. No que el sin ventura resulte ahora un bienaventurado, sino una pobre víctima de «la lógica de una influencia maligna» como él mismo diría: teniendo no poca culpa del derrumbamiento de ese espíritu superior, de ese gran poeta, la sociedad misma. Al hombre lo hace conocer el biógrafo desde la niñez. «En lo que se refiere a la infancia, las primeras impresiones de Verlaine, sus aspiraciones, sus lecturas, el despertamiento de su genio poético, sus comienzos literarios, he de informar al público que se interesa en la génesis de un cerebro como el del autor de Sagesse. Compañero de juventud, confidente de sus pensamientos, de sus ensueños, de sus ensayos, desde la adolescencia hasta la plena edad madura, he asistido, por decirlo así, a la ascensión de la savia, a la floración y al desarrollo de su intelecto». Los amigos de asuntos tortuosos se encontrarán desilusionados al ver que lo referente a la famosa cuestión Rimbaud se precisa con documentos en que toda perspicacia y malicia quedan en derrota, hallándose, en último resultado, que tales o cuales afirmaciones o alusiones en prosa o verso no representan sino aspectos de simulación, tan bien estudiados clínicamente por Ingegnieros. Los testimonios son fehacientes en una correspondencia escrita a raíz de los sucesos que provocan señaladas cartas de toda intimidad y franqueza, en que se ve el alma desnuda y toda ausencia de pose, o de mentirosa urdimbre. Otros libros se han publicado sobre Paul Verlaine antes de este piadoso y definitivo.