Ese nutrido trabajo es en menores proporciones, semejante al del señor Lix Klet sobre la República Argentina. Demás afirmar que hay en la tarea realizada la manifestación de un patriotismo ardiente. No es esto sino plausible, pues si una labor como esa no se lleva a término con amor, no valdría la pena de emprenderla. Tengo el gusto de conocer al señor Poirier. Sé de su talento claro y ponderado, de su laboriosidad infatigable y de su extensa cultura. Ha viajado y ha podido hacer, como él dice en su proemio, «el consiguiente estudio comparativo y analítico de otros pueblos, razas y civilizaciones». Como lo exige la índole de su obra, hase ayudado con una documentación oficial, verídica y exacta. Además, al final del grueso volumen ha agregado varias monografías escritas por autoridades del país, y que ponen de manifiesto el adelanto actual de la cultura chilena. Son esas autoridades los señores Poenisch, para las matemáticas; Santa María, para la ingeniería; Ducci, para las ciencias físicas; Díaz Ossa, para la química; Phlippi, para la Zoología; Reiche, para la botánica; Sundt, para la geología y mineralogía; Porter, para las ciencias antropológicas; Marín Vicuña, para los ferrocarriles; Amunátegui Solar, para la medicina y farmacia; Dávila Boza, para la higiene pública; Guerrero Bascuñán, para la beneficencia pública; Amunátegui Reyes, para el código civil; Ballesteros, para el derecho procesal; Galdámez, para la biblioteca nacional, y Ramírez, para la instrucción primaria.

El señor Poirier trata en su libro, primero de la parte geográfica, luego de la histórica, gobierno, intelectualidad y comercio. Es una exposición maciza de la vida y movimiento del organismo de la nación chilena. Las ilustraciones, mapas y planos son dignos de toda recomendación. La parte gráfica es un utilísimo complemento del trabajo.

He aquí la viña Subercaseaux que produce los excelentes y famosos vinos, que pueden competir con buenos crus europeos.

He aquí el monumento a Juan Godoy, descubridor del mineral de Chañarcillo. La esculpida figura de ese hombre del pueblo nos recuerda que Chile es un país minero y que muchas de sus fortunas han salido de las entrañas de la tierra.

Aquí vemos a un hacendado y sus hijos. Estos gentlemen farmers llevan el traje usual de los estancieros chilenos, el sombrero de anchas alas, la bota y el poncho, que tan bien han sentado a huéspedes como el difunto don Carlos de Borbón.

He aquí los baños de Canquenes en el valle pintoresco; y el río Copiapó, crecido, y el Valdivia y la laguna negra, que se diría de un paisaje suizo.

Se ven los puertos pintorescos; y Viña del Mar, la ciudad de lujo y de alegría cercana a Valparaíso. Y las ciudades que están cercanas a la cordillera, y las lejanas y los pueblos lindos. Vese un grupo de araucanas con aspectos asiáticos; y una preciosa adolescente, hija de cacique, que si no tuviese los pies desnudos e intactos, creeríase hija de un mandarín o príncipe de China.

Santiago y sus monumentos, su cerro de Santa Lucía, orgullo de los habitantes de la capital, y Valparaíso, la britanizada, y Concepción y Talca y tantas otras poblaciones de trabajo y de belleza, como ese encanto de Lota, feudo económico de los opulentos Cousiños. Y una profusión de grabados más que explica objetivamente el texto.

Los monumentos hablan de la historia gloriosa de la Nación. Tal cual pintura de artista nacional expone escenas de la vida popular, como la Cueca. Y la fotografía hace admirar la tradicional hermosura de la mujer de Chile, perpetuada en la inmortalidad del arte por el célebre busto de Rodin que es joya del Luxembourg y cuyo modelo Arsene Alexandre asegura ser una dama peruana, habiéndolo sido, según entiendo, la esposa del ministro chileno en Francia, señor Moria Vicuña.

Al leer ese tomo no se puede menos que reconocer el entusiasmo y el afecto que por su patria tiene el autor, entusiasmo y afecto muy naturales y justos. Queda afirmado que Chile es un país serio, laborioso, bien constituído y lleno de cualidades bélicas y que comprenden bien el lema de su escudo «por la razón o la fuerza».