Margarita y Ofelia

te llamarán hermana.

A lo cual agrega el poeta fatal haciéndose el viejo:—¡No tanto, amigo mío, no tanto!

¡Oh! ¡que no pueda yo, señora mía,

aguardar que el botón se vuelva rosa,

embotando del tiempo que me acosa

la tiranía!

Toda esa nonchalance impera en la primera parte del volumen. Cánticos discretos, breves en su mayor parte, a la sordina, «en voz baja».

«La sombra del ala» debía estar bajo la invocación de Montaigne. Es un conjunto de variaciones sobre el «Que-sais-je?» eterno.

... Pero dí, ¿qué esfuerzo cabe