Mas, ya todos sabemos que el poeta puede cambiar con el instante, siendo su sucesión de impresiones y sensaciones a veces tan variadas como la naturaleza misma. De este modo, no causa extrañeza el paso de algunas horas sonrientes y de algunos momentos optimistas. Aprobad, pues, que por éstas, por aquellas razones diga el cantor en veces ¡está bien! Y pues llega «papá Enero», estos versos:
Papá Enero, que tienes tratos
con los hielos y con las nieves
(y que sin embargo remueves
el celo ardiente de los gatos),
Guarda en tu frío protector
el cuerpo y el ánima en flor
de mi niña de ojos azules
(en cuyas ropas y baúles
hay castidades de alcanfor).