Libio, yo estoy prendado de tal modo
de la naturaleza peregrina,
que ansiando en mi amor loarlo todo,
le grito ¡bis! al ruiseñor que trina,
¡olé a la onda que cuajó en espuma,
y ¡hurra! al sol que calienta y que ilumina.
¡Gracias! digo al clavel que me perfuma
o al lirio que brotó bajo mi planta,
y ¡bravo! a la oropéndola que empluma.
Y rima otras galanas palabras y casa otras lindas ideas, con una innegable maestría.