—Dejad tranquila á mi familia y á su línea paterna dijo Billy incomodado (porque no hay mulo al cual no le disguste el que le recuerden que su padre era un asno). Fué mi padre un caballero del Sur, y podía, si se le antojaba, derribar, morder, y reducir á piltrafas, de puro darle de coces, á cualquier caballo que se le atravesara en el camino. ¡Tenlo presente, gran Brumby!
Significa Brumby un caballo salvaje, sin crianza. Imaginad lo que sentiría el noble bruto, vencedor en las carreras, que se oyera tratar de acémila por uno que arrastrara un carro, y tendréis idea de la impresión que recibiría en aquel momento el caballo australiano. Ví como el blanco de los ojos le brillaba en la sombra.
—Mira, hijo de un borrico traído de Málaga, exclamó, apretando los dientes, voy á tener que enseñarte que yo desciendo por la línea materna de Carbine, la que ganó la copa de Melbourne; y que en mi tierra no estamos acostumbrados á dejarnos pisotear por un mulo, que, si charla como un loro, tiene tanta cabeza como un cerdo, y que no pertenece más que á una batería de cerbatanas para jugar los chiquillos. ¡Ponte en guardia!
—¡Y tú en dos pies! chilló Billy.
Hiciéronlo así ambos, puestos frente á frente, y ya esperaba yo asistir á una furiosa lucha, cuando, en medio de la obscuridad, y en dirección hacia la derecha, oyóse una voz gutural y profunda que decía:
—Pero, hijos, y ¿por qué os peleáis ahora? Estaos quietos.
Bajaron las patas ambos animales con un ronquido de disgusto, porque no hay caballo ni mulo alguno que pueda sufrir la voz del elefante.
—¡Es El de las dos colas! dijo el primero. ¡No puedo resistirlo! ¡Una cola á cada extremo! ¡Eso no es jugar limpio!
—Es lo que yo pienso, contestó Billy, apretándose contra el caballo para sentirse más acompañado. En ciertas cosas nos parecemos bastante.
—Las habremos heredado de nuestras madres, dijo el caballo. ¡Vaya! No vale la pena de que nos peleemos. ¡Eh, tú! ¡Dos colas! ¿Estás atado?