—Pero ¿es que tanto saben los animales como los hombres? dijo el jefe.
—Ellos obedecen, del mismo modo que los hombres. El mulo, el caballo, el elefante, el buey, obedecen al que los guía, y éste á su sargento, y el sargento al teniente, y el teniente al capitán, y el capitán al mayor[13], y el mayor al coronel, y el coronel al brigadier al mando de tres regimientos, y el brigadier al general, el cual, por su parte, obedece al Virrey, que es servidor de la Emperatriz. Así es como se hace esto.
—¡Ojalá sucediera lo mismo en el Afganistán! dijo el jefe, porque lo que es allí no obedecemos á nadie más que á nuestra propia voluntad.
—Y por esta razón, dijo el oficial indígena retorciéndose el bigote, vuestro Emir, al cual no obedecéis, tiene que venir aquí y recibir órdenes de nuestro Virrey.
Canción de los animales del campamento al reunirse en la parada
Los elefantes que arrastran los cañones
Un Hércules hicimos de Alejandro
con nuestra habilidad, con nuestra fuerza;
desde entonces, al yugo sometidos,
no levantamos, libres, la cabeza.
¡Paso! ¡Dejadles paso á los cañones,
á los grandes cañones de cuarenta!
Los bueyes
Esos héroes de arreos ostentosos
ante una bala de cañón ¡bien tiemblan!
¡Son demasiado sabios! Á nosotros
nos toca entrar entonces en escena...
¡Paso! ¡Dejad que pasen las diez yuntas
de los grandes cañones de cuarenta!