Los caballos

¡Por la señal que el hierro nos dejara
que la marcha mejor es esta nuestra,
la de húsares, dragones y lanceros,
la de Bonnie Dundee, que tan bien suena!
Dadnos pienso, domadnos y pulidnos,
dadnos buenos ginetes y ancha tierra,
tocad Bonnie Dundee... y allá volando
van nuestros escuadrones en hileras.

Los mulos de las baterías de montaña

Al ir subiendo montaña arriba
por el atajo lleno de piedras
bien forcejeamos; pero ¡no importa!
¡Subir! ¡Qué gozo! ¡Nos sobran piernas!
Bendito, entonces, cada sargento
que á gusto y solos marchar nos deja,
maldito el torpe que no ha sabido
la carga atarnos, que á un lado cuelga.
Porque nosotros por las montañas
mejor subimos que otro cualquiera:
las altas cumbres ¡oh! ¡qué delicia!
para ganarlas nos sobran piernas.

Los camellos

Nosotros no tenemos
canción que llamar nuestra
podamos y en la marcha
á reanimarnos venga,
mas hacen nuestros cuellos
de trompas y ¡bien suenan!
¡Ra-ta-ta-ta-! Marchando
nuestra canción es ésta:
¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡No! ¡No quiero!
¡Sí! ¡No! No puedo ¡ea!
Que toda nuestra fila
repítalo con fuerza.
Cayó de uno la carga
(¡así la mía fuera!)
Parémonos gritando:
¡Urr! ¡Yarr!... Á alguien golpean.

Todos los animales juntos

Los hijos del campamento
somos todos: los que llevan
el yugo, basto ó arreos,
los que ante la aijada tiemblan.
¡Mirad sobre la llanura
nuestra fila que semeja
una maniota doblada
que barre el suelo en que rueda!
Entre tanto, polvorientos,
callados, á nuestra vera
van los hombres... y no hay nadie
que por qué marchamos sepa.
Los hijos del campamento
somos todos: los que llevan
el yugo, basto ó arreos,
los que ante la aijada tiemblan.

NOTAS: