[12] En países generalmente llanos, como Inglaterra, el lector no está tan acostumbrado como nosotros á ver cañones de montaña.—N. del T.
[13] Cargo del ejército inglés, inferior al de teniente coronel, pero superior al de capitán. N. del T.
De cómo vino el miedo
Seco el arroyo, la laguna seca,
tú y yo somos hermanos;
confundidos nos ven estas orillas,
febril la boca, polvoriento el flanco,
sin pensar en la caza,
y por igual temor paralizados.
Junto á su madre, el cervatillo puede
tímido ver al lobo demacrado;
sin miedo, los colmillos
que á su padre mataron mira el gamo.
Secos los charcos, los arroyos secos,
tú y yo somos hermanos,
hasta que alguna nube á romper venga
la gran «tregua del agua» que observamos,
y nos mande la lluvia
y con ella la caza, nuestro encanto.
La Ley de la Selva (que es la más antigua ley del mundo) ha previsto casi todos los casos que á su Pueblo pudieran presentarse, de tal suerte que constituye hoy un código tan cercano á la perfección como el tiempo y la costumbre pueden llegar á hacerlo. Si habéis leído las anteriores narraciones relativas á Mowgli, recordaréis que pasó éste gran parte de su vida en la manada de lobos de Seeonee, aprendiendo la Ley con Baloo, el oso pardo; y el mismo Baloo fué quien le dijo, cuando el muchacho empezó á impacientarse con tanto recibir órdenes constantemente, que la Ley era como la Enredadera Gigante, porque alcanza á todas las espaldas, y no hay una que pueda escaparse de que sobre ella caiga.
—Cuando hayas vivido tanto como yo, Hermanito, verás que toda la Selva obedece, cuando menos, á una Ley, dijo Baloo. Y no te parecerá esto muy agradable, añadió.
Entróle esta conversación al chico por un oído y le salió por el otro, porque al muchacho que pasa su vida entre comer y dormir pocos cuidados le inspiran todas las demás cosas, hasta que llega la hora de tener que mirarlas cara á cara. Pero hubo un año en que resultó que las palabras de Baloo eran exactísimas: entonces pudo ver Mowgli á toda la Selva bajo el poder de la Ley.
Comenzó á ocurrir esto cuando las lluvias del invierno faltaron casi por completo, y cuando Ikki, el puerco espín, hallando á Mowgli entre unos bambúes, le dijo que las batatas silvestres se secaban. Ahora bien: todo el mundo sabe que Ikki es lo más ridículamente escrupuloso que darse pueda en punto á escoger lo que come, y sólo elige las cosas mejores y más en sazón. Así, pues, Mowgli se rió y le dijo:
—¿Á mí qué me importa de eso?