Comenzó nuevamente el murmullo de horror, y el vigilante ojillo blanco de Hathi miró en dirección de Shere Khan.

—Por gusto, repitió lentamente Shere Khan. Y ahora vengo á beber y á limpiarme. ¿Hay alguien que se oponga á ello?

La espalda de Bagheera comenzó á encorvarse como un bambú cuando sopla fuerte viento; pero Hathi levantó la trompa y habló con calma.

—¿Has matado por gusto? preguntó. Y, cuando Hathi pregunta algo, lo mejor que puede hacerse es contestarle.

—Eso es. Tenía derecho á hacerlo, porque esta noche es mía. Tú lo sabes, Hathi.

Shere Khan hablaba casi cortesmente.

—Sí, ya sé, contestó Hathi. Y, después de breve silencio, añadió:

—¿Has bebido todo lo que necesitabas?

—Por esta noche sí.

—Pues, márchate. El río es para beber, y no para ensuciarlo. Nadie más que el Tigre Cojo hubiera hecho gala de su derecho en esta estación en que... en que sufrimos todos... tanto los hombres como el Pueblo de la Selva. Limpio ó sucio ¡vuélvete á tu cubil, Shere Khan!