Corrió, pues, toda la noche hasta llegar á la caverna; pero los árboles y las enredaderas que hallaba al paso, recordando la orden que les había dado Tha, bajaron sus ramas y tallos y marcaron su piel mientras corría, dibujando las huellas de sus dedos en la espalda, costados, frente y quijadas del tigre. En cualquier sitio que lo tocaran quedaba una mancha y una raya sobre la amarilla piel. ¡Y éstas rayas son las que aun hoy llevan sus hijos! Cuando llegó á la caverna, el Miedo, el de la piel desnuda, tendió la mano y le llamó el rayado, el cazador nocturno, y el primer tigre sintió miedo ante el de la piel desnuda, y se volvió, rugiendo, á los pantanos».

Al llegar aquí, Mowgli se rió disimuladamente, hundida su barba en el agua.

—«Tan fuertes eran los rugidos que llegó á oirlos Tha y dijo:

—¿Qué desgracia ocurre?

Y el primer tigre, levantando el hocico al cielo, recién hecho entonces y tan viejo ahora, dijo:

—¡Oh, Tha! Devuélveme mi antiguo poder. Ante toda la Selva me avergonzaste, llegué á huir de quien tiene la piel desnuda, y aun me ha llamado lo que es para mí un oprobio.

—¿Y por qué? dijo Tha.

—Porque voy manchado con el fango de los pantanos.

—Nada, pues; revuélcate luego sobre la yerba mojada, y, si es fango, limpio quedarás de él, dijo Tha. Y el primer tigre nadó, y revolcóse cien y cien veces sobre la yerba, hasta que le pareció que la Selva comenzaba á dar vueltas y más vueltas ante su vista; pero ni una sola rayita de su piel cambió en lo más mínimo, y Tha, que lo estaba observando, se rió. Entonces, dijo el primer tigre:

—¿Qué he hecho yo para que me ocurra tal cosa?