—He aquí lo que por tí haré, porque tú y yo juntos vimos nacer la Selva. Por espacio de una noche cada año, las cosas volverán á ser lo que fueron antes de que muriera el gamo... y esto no será más que para tí y tus hijos. Durante aquella noche, si tropiezas con el de la piel desnuda (y su nombre es el Hombre) no le temerás tú á él, sino que él te temerá á tí, como si tú y los tuyos fuerais jueces de la Selva y dueños de todas las cosas. Ten misericordia de él esta noche cuando le veas atemorizado, porque también tú conoces al Miedo.

Entonces contestó el primer tigre:

—Contento estoy.

Pero cuando, poco después, fué á beber, y vió las rayas negras sobre sus costillas é ijadas, cuando se acordó del nombre que el de la piel desnuda le había dado, entonces se encolerizó. Durante un año vivió en los pantanos, esperando á que Tha cumpliera su promesa. Una noche, al fin, cuando el Chacal de la Luna (la estrella vespertina) brilló con clara luz sobre la Selva, sintió él que su noche había llegado, y fuése á la caverna en busca de el de la piel desnuda. Ocurrieron, entonces, las cosas como Tha había ofrecido, porque aquél cayó ante la fiera y se quedó en el suelo tendido, y el primer tigre le hirió, rompiéndole el espinazo, porque creyó que en toda la Selva no había más que uno de estos seres, y que matándole á él había dado muerte al Miedo. Entonces, mientras olfateaba al muerto, oyó á Tha que descendía de los bosques del Norte, y á poco la voz del primer elefante, que es la voz que oimos también ahora...»

Retumbaba el trueno por las secas colinas; pero no trajo con él la lluvia (sino únicamente relámpagos de calor que temblaban por detrás de la cordillera) y Hathi continuó:

—«He aquí la voz que oyó, y la voz decía:

—¿Es ésta la misericordia que tú muestras?

El primer tigre se relamió contestando:

—¿Qué importa? He muerto al Miedo.

Y replicóle Tha: