Saltó por la ventana y corrió, nuevamente, á lo largo del muro de la aldea, por su parte exterior, hasta llegar á la distancia en que pudiera oir á la muchedumbre reunida alrededor del árbol comunal. Buldeo estaba echado en el suelo, tosiendo y gimoteando, y todos le agobiaban á preguntas. Llevaba el cabello caído sobre los hombros; destrozada la piel de manos y piernas, con tanto encaramarse á los árboles; apenas podía hablar; pero estaba profundamente poseído de la importancia de su situación. De cuando en cuando pronunciaba algunas palabras, hablando de diablos, de canciones por ellos entonadas y de encantamientos, lo suficiente para que la muchedumbre fuera haciendo boca y preparándose para lo que iba á venir después. Á continuación pidió que le trajeran agua.
—¡Bah! exclamó Mowgli. ¡Charla... charla! ¡Habladurías! Los hombres son hermanos de los Bandar-log. Ahora necesita enjuagarse la boca con agua; después querrá echar humo por ella; y, cuando haya acabado de hacer todo eso, le quedará aún el cuento por contar. Son los hombres muy avisados... Nadie será capaz de guardar á Messua, hasta que tengan todos bien atiborrados los oídos de las mentiras que cuenta Buldeo. Y... y yo me estoy volviendo ya tan perezoso como ellos.
Sacudió el cuerpo, deslizándose, nuevamente, en dirección de la choza. Estaba ya sobre la ventana cuando sintió el contacto de algo contra su pie.
—Madre, dijo, porque inmediatamente comprendió que le tocaba una lengua no desconocida para él, ¿qué estás haciendo ahí?
—Oí cantar á mis hijos en el bosque, y le seguí los pasos al que quiero yo más que á todos. Oye, ranita: tengo deseos de ver á la mujer que te dió la leche, dijo Mamá Loba, que venía empapada toda ella de rocío.
—La han atado y quieren matarla. Pero yo he cortado las ligaduras, y ella se escapará con su hombre hacia la Selva.
—Yo iré detrás, también. Vieja soy; pero aún tengo dientes.
Enderezóse Mamá Loba sobre sus patas traseras, y miró por la ventana hacia el interior de la obscura choza.
Dejóse caer sin ruido al cabo de unos momentos, y no dijo más que esto:
—Yo fuí quien te dió la primera leche; pero verdad es lo que dice Bagheera: el Hombre siempre vuelve al Hombre.