—Fué otra.

—¿Tratas tú mucho á las del pueblo venenoso? Yo les dejo bien libre el camino. Llevan la muerte en los dientes delanteros y eso es mala cosa... porque son muy pequeñas. Pero ¿qué cobra es ésa con la que tú has hablado?

Revolvióse Kaa muy despacio en el agua, como un barco de vapor que las olas del mar baten de través.

—Hace cuatro ó cinco lunas, dijo, que cacé en las Moradas Frías, sitio que no has olvidado. Lo que yo perseguía se escapó chillando más allá de las cisternas, y, yendo á aquella casa de la cual, por culpa tuya, hice yo pedazos uno de los lados, se hundió en el suelo.

—Pero la gente de las Moradas Frías no vive en madrigueras, dijo Mowgli, que sabía que Kaa hablaba del Pueblo de los monos.

—Aquello no vivía allí, sino que allí fué para conservar la vida, contestó Kaa moviendo rápidamente la lengua. Metióse en una madriguera, prosiguió, muy profunda. Fuíme yo detrás, y, una vez lo hube muerto, me dormí. Cuando desperté fuí internándome más.

—¿Bajo tierra?

—Eso es. Halléme allí, por fin, con una Capucha Blanca (una cobra blanca) que habló de cosas superiores á todos mis conocimientos, y me enseñó muchas que nunca había visto antes.

—¿Caza nueva? ¿Se mataba con facilidad?

Al decir esto, volvióse Mowgli de lado con la mayor rapidez.