El Lobo Solitario debió de saltar, sin duda, equivocando el golpe, porque Mowgli oyó el castañeteo de los dientes y luego una especie de ladrido cuando el sambhur le hizo rodar por el suelo empujándole con las patas delanteras.

No esperó ya más para ver lo que sucedía. Siguió adelante, y los gritos fueron oyéndose cada vez más débiles á medida que se alejaba en dirección á las tierras de labor, en las cuales vivían los campesinos.

—Bagheera estaba en lo cierto, dijo resollando fuerte, mientras se arrellanaba sobre unos forrajes que halló bajo la ventana de una choza. Mañana será un día importante para Akela y para mí.

Pegó, entonces, la cara á la ventana, y miró el fuego que ardía en el suelo. Vió á la mujer del labriego levantarse y arrojar, por la noche, sobre las llamas, unos pedazos de algo negro; y al llegar la mañana, cuando todo estaba envuelto en blanca y fría neblina, vió á un rapaz, hijo del campesino, coger una especie de maceta de mimbres, enjalbegada interiormente con tierra, llenarla de encendidas brasas, colocarla bajo una manta, y salir para cuidar de las vacas en el establo.

—¿Y esto es todo? dijo Mowgli. Si un cachorro como éste puede hacerlo, entonces nada hay que temer. Dobló la esquina de la casa, corrió hacia el muchacho, le arrebató aquélla especie de maceta y desapareció con ella entre la niebla, mientras el chico se quedaba chillando atemorizado.

—Mucho se me parecen, dijo Mowgli, soplando en la maceta, como había visto que la mujer hacía. Esto se me va á morir si no lo alimento, añadió. Y comenzó á arrojar ramitas de árbol y cortezas secas sobre aquella materia de un rojo tan vivo. Hacia media colina hallóse con Bagheera, cuya piel, con el rocío matinal, parecía salpicada de piedras preciosas.

—Akela ha errado el golpe; dijo la pantera. Á no haber sido porque te necesitaban también á tí, lo hubieran muerto ayer noche. En busca tuya fueron á la colina.

—Yo andaba, entonces, por las tierras de labor. Ya estoy listo. ¡Mira!

Y Mowgli levantó la especie de maceta llena de fuego.

—¡Bien! Ahora falta otra cosa: yo he visto á los hombres arrojar una rama seca sobre esto, y al poco rato la Flor Roja se abría al extremo de la rama. ¿No tienes miedo de hacer otro tanto?