—No. ¿Por qué he de tenerlo? Recuerdo ahora (si no es todo ello un sueño) como, antes de ser lobo, me acosté junto á la Flor Roja, hallándola caliente y agradable.
Todo el día lo pasó Mowgli sentado en la caverna, cuidando de su maceta y metiendo en ella ramas secas, para ver el efecto que producían después. Halló una á su gusto, y, al anochecer, cuando Tabaqui llegó á la cueva y le dijo, con harta rudeza, que le necesitaban en el Consejo de la Peña, se estuvo riendo hasta que Tabaqui echó á correr. Entonces se dirigió hacia el Consejo, pero riéndose aún.
Akela, el Lobo Solitario, estaba echado junto á su roca, como signo de que la jefatura de la manada se hallaba vacante, y Shere Khan, con su cohorte de lobos ahitos de sus sobras, paseábase de un lado á otro con aire resuelto y satisfecho. Bagheera estaba echada junto á Mowgli, y éste tenía, entre las piernas, la maceta del fuego. Cuando estuvieron todos reunidos, Shere Khan empezó á hablar, lo que jamás se hubiera atrevido á hacer en los buenos tiempos de Akela.
—No tiene derecho á esto, murmuró Bagheera. Díselo. Ese es de casta de perro: verás como se atemoriza.
Mowgli púsose en pie.
—¡Pueblo libre! gritó, ¿es, acaso, Shere Khan quien dirige la manada? ¿Qué tiene que ver un tigre con nuestra jefatura?
—Viendo que el puesto está vacante, y habiéndoseme suplicado que hablara... comenzó á decir Shere Khan.
—¿Quién lo ha suplicado? ¿Por ventura nos hemos vuelto todos chacales para estar adulando á este carnicero, matador de reses? La jefatura de la manada pertenece exclusivamente á miembros de la manada misma.
Oyéronse feroces aullidos que significaban:
—¡Silencio, cachorro de hombre!