¿Quién es éste que va armado de cuchillo y tiene lengua de serpiente?

—Mowgli me llaman, fué la respuesta. Pertenezco á la Selva. Los lobos son mi gente, y Kaa, que aquí ves, es mi hermana. Madre de las cobras ¿quién eres tú?

—Yo soy la Guardiana del tesoro del Rey. Kurrun Raja puso la piedra que está ahí arriba, en los tiempos en que mi piel era obscura, á fin de que enseñara yo lo que es la muerte á los que vinieran aquí para robar. Luego bajaron el tesoro, levantando la piedra, y oí el canto de los brahmanes, mis amos.

—¡Uy! dijo entre sí Mowgli: yo he tenido ya que habérmelas con un brahmán, en la manada de los hombres, y... sé, acerca de él, lo que sé. Aquí va á pasar algo, muy pronto.

—Cinco veces, desde que vine á este sitio, han levantado la piedra; pero siempre para traer más, nunca para sacar algo. No hay riquezas como éstas: son los tesoros de cien reyes. Pero ha transcurrido mucho, muchísimo tiempo desde la última vez que levantaron la piedra, y creo que mi ciudad se ha olvidado ya de lo que aquí existe.

—No hay tal ciudad. Mira hacia arriba. Verás allí raíces de grandes árboles que separan las piedras. Pues bien: no crecen juntos árboles y hombres, volvió á decir Kaa.

—Dos, y hasta tres veces, han hallado los hombres manera de llegar hasta aquí, contestó airada la cobra blanca; pero nunca hablaron hasta que yo me les eché encima, mientras iban ellos tanteando en medio de la obscuridad, y aun entonces gritaron sólo breve rato. Mas vuesas mercedes vienen ambos con mentiras, lo mismo el Hombre que la Serpiente, y quisieran hacerme creer que la ciudad no existe y que mi misión de guardiana ha terminado. Poco cambian los hombres en el transcurso de los años. En cuanto á mí... yo no cambio jamás. Hasta que la piedra vuelva á ser levantada, y desciendan los brahmanes cantando canciones que yo sé, y me alimenten con leche caliente, y me saquen de nuevo á la luz, yo... yo... y nadie más que yo, seré la Guardiana del tesoro del Rey. ¿Decís que la ciudad ha muerto, y que ahí están las raíces de los árboles? Agachaos, pues, y coged lo que queráis. No tiene la tierra tesoros como éste. ¡Hombre con lengua de serpiente, si puedes salir con vida por el mismo camino que entraste, todos los reyezuelos del país serán tus vasallos!

—Ya se embrolló otra vez la pista, dijo fríamente Mowgli. ¿Acaso algún chacal habrá llegado á meterse en estas profundidades y mordido á la gran Capucha Blanca? De fijo que le ha pegado la rabia[27]. Madre de las cobras, nada veo yo aquí que pueda llevarme.

—¡Por los dioses del Sol y de la Luna que el muchacho está loco de remate! silbó la cobra. Antes que tus ojos se cierren para siempre voy á hacerte un favor: mira, y contempla lo que jamás vió hasta ahora hombre alguno.

—No suele irles muy bien en la Selva á aquéllos que le hablan á Mowgli de favores, dijo el muchacho entre dientes. Pero la obscuridad lo cambia todo: bien lo sé yo. Miraré, pues, para complacerte.