—Y ahora ¿por qué tuerce hacia á un lado?
—¡Espera! dijo Bagheera, y lanzóse hacia delante de un salto magnífico, que procuró fuera lo más largo posible.
Lo primero que hay que hacer cuando una pista deja de ser clara y explicable es ir hacia delante, sin dejar en el suelo las propias huellas, que acabarían de confundir. Volvióse Bagheera en cuanto tocó á tierra, y dirigiéndose al muchacho gritó:
—Ahí viene otro rastro á encontrarse con el primero. Es de un pie más pequeño, y las marcas de los dedos están vueltas hacia dentro.
Corrió, entonces, Mowgli y miró á su vez.
—Es el pie de un cazador gondo, dijo. ¡Mira! Aquí ha arrastrado el arco por encima de la yerba. Por esto el primer rastro torcía hacia un lado tan rápidamente. Pie grande quería esconderse, viéndose perseguido por Pie pequeño.
—Es verdad, dijo Bagheera. Ahora, para que no ocurra que cruzando el rastro del uno con el del otro embrollemos las señales, vamos á seguir cada uno el suyo. Yo soy Pie grande, Hermanito, y tú eres Pie pequeño, el gondo.
Saltó Bagheera hacia atrás, volviendo á tomar el primer rastro, y dejando á Mowgli agachado curiosamente sobre las estrechas huellas del salvaje habitante de los bosques.
—Ahora, dijo Bagheera, siguiendo paso á paso la hilera de huellas, yo, Pie grande, tuerzo aquí hacia un lado. Ahora me escondo detrás de una roca y me estoy quieto, sin atreverme á levantar ni un pie. Dí tú cómo es tu rastro, Hermanito.
Ahora yo, Pie pequeño, llego á la roca, dijo, á su vez, Mowgli, siguiendo la pista. Ahora me siento debajo de ella, apoyándome sobre la mano derecha y descansando el arco entre los dedos de los pies. Espero largo rato, porque mis huellas son aquí profundas.