NOTAS:
[29] Equivalen á cero del termómetro Fahrenheit, que es el que cita el autor.—N. del T.
[30] En Botánica se llama así á una planta parecida á la siempreviva.—N. del T.
[31] El autor se refiere al termómetro Fahrenheit.—N. del T.
Los perros jaros
¡Por nuestras claras, deliciosas noches
en que libres corremos y cazamos!
¡Por el aroma matinal del aire
que humedece el rocío, no secado!
¡Por el placer de perseguir las piezas
que locas huyen con terror incauto!
¡Por los gritos de nuestros compañeros
que al vencido sambhur tienen cercado!
¡Por los dulces peligros de la noche!
¡Por el dormir de día, dulce y grato,
allá á la entrada del cubil! ¡Por todo,
guerra á muerte juramos!
No empezó para Mowgli la parte más agradable de su vida hasta después de la invasión verificada por la Selva. Tranquila su conciencia por considerar que había pagado sus deudas, y amigo de cuantos en la Selva vivían, era mirado por todos con un poco de temor. Lo que hizo, vió y oyó vagando solo ó con sus cuatro compañeros bastaría para escribir innumerables cuentos, cada uno de ellos tan largo como el presente. Así, pues, dejaré de referiros su encuentro con el Elefante Loco de Mandla, que mató veintidós bueyes que conducían once carros llenos de plata acuñada, perteneciente al Tesoro nacional, y esparció por el polvo las brillantes rupias; su lucha con Jacala, el cocodrilo, durante toda una noche, en los Pantanos del Norte, y cómo rompió su cuchillo de desollador en las placas de la espalda del animal; cómo halló otro cuchillo nuevo que llevaba pendiente del cuello un hombre que había sido muerto por un oso, tras de lo cual siguió él las huellas de éste y lo mató para que fuera el justo precio pagado por el cuchillo; cómo quedó cogido una vez, durante la época llamada de la Gran Hambre, entre los rebaños de ciervos que emigraban, y fué casi aplastado por ellos; cómo salvó á Hathi, el Silencioso, del peligro de caer por segunda vez en una trampa de las que tienen un palo afilado en el fondo, y cómo, al día siguiente, cayó él mismo en otra de las que sirven para leopardos, rompiendo entonces Hathi las gruesas barras de madera que la formaban; finalmente, cómo pudo ordeñar las hembras de los búfalos salvajes en los terrenos pantanosos, y cómo... Pero no pueden contarse varios cuentos á la vez y hay que limitarse á uno.
Murieron Papá Lobo y Mamá Loba, colocando entonces Mowgli una gran piedra contra la boca de la cueva y entonando allí, entre sollozos, la Canción de la Muerte; Baloo era ya muy viejo y apenas podía moverse, y hasta Bagheera, que tenía nervios de acero y férreos músculos, comenzaba ya á mostrar menos agilidad cuando se trataba de matar alguna pieza. Con los años, de gris que era, volvióse Akela blanco como la leche, con las costillas salientes, caminando como si su cuerpo fuera de madera, y Mowgli tenía que cazar para él. Pero los lobos jóvenes, los hijos de la deshecha manada de Seeonee, crecían y se multiplicaban, y cuando llegaron á ser unos cuarenta, de cinco años, sin amo, con excelentes pulmones y ligeros pies, Akela les dijo que debían juntarse, obedecer la Ley, y estar bajo la dirección de uno, como correspondía á los del Pueblo Libre.