—¡Los dholes, los dholes del Dekkan... los Perros Jaros, los Asesinos! Fueron desde el Sur hacia el Norte, diciendo que en el Dekkan no se encontraba nada y matándolo todo por donde pasaban. Cuando esta luna era luna nueva tenía yo cuatro de los míos: mi compañera y tres lobatos. Ella les enseñaba á cazar sobre las llanuras cubiertas de yerba, escondiéndose para apoderarse de los gamos, como hacemos nosotros, los que cazamos en campo abierto. Á media noche les oí pasar, siguiendo, con grandes ladridos, un rastro. Al soplar la brisa matutina hallé á los míos yertos sobre la yerba... los cuatro, Pueblo libre, los cuatro... y esto ocurrió cuando esta luna era luna nueva. Entonces hice uso del Derecho de la Sangre y fuí en busca de los dholes.
—¿Cuántos eran? preguntó rápidamente Mowgli, mientras la manada gruñía rabiosamente.
—No lo sé. Tres de ellos no matarán ya á nadie más; pero al fin me persiguieron como á un gamo, haciéndome correr con sólo las tres patas que me quedan. ¡Mira, Pueblo Libre!
Adelantó entonces su destrozada pata, ennegrecida con la sangre que se había secado ya. Tenía en los costados terribles mordiscos, y el cuello herido, desgarrado.
—¡Come! le dijo Akela, levantándose de encima de la carne que Mowgli le había traído, é inmediatamente lanzóse sobre ella el solitario.
—No perderéis lo que me dáis, dijo humildemente cuando hubo satisfecho un poco el hambre. Préstame fuerzas, Pueblo Libre, y también yo mataré luego. Vacío está mi cubil, antes lleno, y la Deuda de Sangre no está pagada aún del todo.
Fao oyó cómo sus dientes crujían sobre un hueso, y gruñó con aire de aprobación.
—Esas quijadas tuyas han de sernos útiles, dijo. ¿Iban cachorros con los dholes?
—No, no. Todos eran cazadores rojos, perros de manada, grandes y fuertes, aunque allá en el Dekkan suelen alimentarse comiendo lagartos.
Lo que acababa de decir Won-tolla significaba que los dholes, los rojos perros cazadores del Dekkan, iban de paso en busca de algo que matar, y los lobos de la manada sabían perfectamente que hasta el tigre les cede su presa á los dholes. Suelen cazar éstos corriendo en línea recta por la Selva, lanzándose sobre cuanto hallan y despedazándolo todo. Aunque no tengan el tamaño ni la astucia del lobo son muy fuertes y en gran número. No comienzan á considerar que forman manada hasta que se ha reunido un centenar de ellos; mientras que con cuarenta lobos basta y sobra para lo mismo. El haber ido errante Mowgli de un lado á otro le llevó hacia los confines de los grandes prados del Dekkan, donde vió á los fieros dholes durmiendo, jugando y rascándose en los hoyos y matojos que usan como cubiles. Despreciábalos y odiábalos él porque no olían como el Pueblo Libre; porque no vivían en cavernas, y, sobre todo, porque les crecía el pelo entre los dedos de las patas, mientras que á él y á sus amigos no les ocurría eso. Pero no se le ocultaba, por habérselo dicho Hathi, lo terrible que es una manada de dholes cuando va de caza. Aun el mismo Hathi les deja libre el paso, y ellos siguen adelante, hasta que los matan ó hasta que escasea ya la caza.