—Traspasaron el lindero, no conociendo la Ley, murmuró Mowgli, y el Pueblo Diminuto los mató. Vámonos antes de que despierte.
—No despierta hasta que llega la aurora, dijo Kaa. Ahora voy á contarte una cosa. Venía un gamo perseguido desde el Sur, en dirección á este sitio, hace de ello muchas, muchas lluvias, sin conocer la Selva y llevando tras de sí á toda una manada que seguía su rastro. Ciego de miedo, saltó desde lo alto, mientras la manada iba siguiéndole sólo con la vista, porque corría desatinadamente tras de él, ciega también. El sol estaba ya alto y el Pueblo Diminuto era numeroso y se hallaba muy enfurecido. Numerosos fueron, igualmente, los de la manada que saltaron al Wainganga; pero antes de que llegaran al agua estaban ya muertos. Los que no saltaron murieron también en las rocas, allá arriba. En cuanto al gamo quedó vivo.
—¿Y cómo fué esto?
—Porque él llegó primero, corriendo para salvar la vida, y saltó antes de que el Pueblo Diminuto estuviera prevenido, hallándose ya en el río cuando las abejas se juntaron para matarlo. Pero la manada que venía detrás se perdió por completo bajo el peso de aquéllas.
—¿Y el gamo vivió? dijo pausadamente Mowgli, insistiendo en la misma idea.
—Cuando menos no murió entonces, aunque no tuviera nadie que, al caer, lo esperara para recibirlo sobre un cuerpo bastante fuerte que lo protegiera contra el agua, como esta gruesa, sorda y amarilla Cabeza Chata está pronta á hacer por cierto hombrecito... sí, aunque detrás de él fueran todos los dholes del Dekkan siguiéndole el rastro. ¿Qué te parece esto?
La cabeza de Kaa estaba pegada á la oreja de Mowgli. Algún tiempo transcurrió antes de que el muchacho contestara.
—Es jugar con la Muerte, pero... verdaderamente, Kaa, tú eres quien más sabe en toda la Selva.
—Eso me han dicho muchos. Pues bien, mira: si los dholes te siguen...
—Como me seguirán, con toda seguridad... ¡Oh! Mi lengua sabrá lanzar espinas agudísimas que irán á clavárseles.