—¡Buena suerte! dijo Fao, como si Akela estuviera aun vivo, y luego, hablando á los otros por encima del hombro ensangrentado, gritó:

—¡Aullad, perros! ¡Esta noche ha muerto un Lobo!

Pero de toda la manada de doscientos dholes aptos para la lucha, que se vanagloriaban de ser dueños de todas las Selvas y de que no había ser viviente que pudiera batirse con ellos, ni uno volvió al Dekkan para repetir las palabras de Fao.

La canción de Chil

(Ésta es la canción que entonó Chil cuando los milanos fueron descendiendo uno tras otro al cauce del río, una vez terminada la gran lucha. Chil es amigo de todo el mundo, pero su corazón es un pedazo de hielo, porque sabe que casi todos en la Selva van á parar á él un día ú otro).

Mis compañeros eran y frente á mí corrían
(frente á Chil, el milano);
mas hoy sobre sus cuerpos resuenan mis silbidos,
pues todo ha terminado.
Como vanguardias mías, donde botín hubiera
solían avisármelo,
y allá desde las nubes también yo les mostraba
los escondidos gamos.
Mas ya han enmudecido mis viejos compañeros
y todo ha terminado.
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Los que de la manada eran los viejos guías
(frente á Chil, el milano),
los que al sambhur ligero acorralar lograban
(vanguardias que he mandado),
los que explorar solían, los otros, perezosos,
y siempre rezagados,
no cazarán ya juntos, no seguirán más pistas:
aquí termina el rastro.
........................................................................
Mis compañeros eran y frente á mí corrían
(frente á Chil, el milano).
¡Han muerto! En su alabanza se elevan mis canciones,
memorias del pasado.

Montones de cadáveres son sólo mis amigos;
abierta está su boca, los ojos ya vaciados;
y cúbrelos la sangre... y todo aquí termina...
¡van á quedar los míos, con tanta carne, hartos!