—¿No me olvidaréis? dijo Mowgli.
—Nunca, mientras podamos seguir una pista, dijeron los cachorros. Cuando seas un hombre, ven hasta el pie de la colina y hablaremos contigo. Nosotros iremos también, de noche, á las tierras de cultivo, y allí jugaremos juntos.
—¡Vuelve pronto! dijo papá Lobo. ¡Vuelve pronto, ranita sabia, porque tanto tu madre como yo somos ya viejos!
—¡Vuelve pronto! repitió mamá Loba, desnudito hijo mío; porque... oye lo que voy á decirte... siempre te he querido á tí más, con todo y ser hijo de un hombre, que á mis cachorros.
—Sin duda que volveré, dijo Mowgli; y cuando lo haga será para tender sobre la Peña del Consejo la piel de Shere Khan. ¡No me olvidéis! ¡Decidles á todos en la Selva que tampoco me olviden nunca!
Rayaba el alba cuando Mowgli bajó de la colina, completamente solo, para ir en busca de esos misteriosos seres que se llaman hombres[5].
Canción de caza de la manada de Seeonee
Al rayar la aurora—el sambhur baló
¡una, dos veces, tres!
y del lago donde—va el ciervo á beber
un gamo saltó—un gamo saltó.
Yo sólo, en acecho,—lo he podido ver,
¡una, dos veces, tres!
Al rayar la aurora—el sambhur baló
¡una, dos veces, tres!
Y atrás volvió un lobo,—volvió un lobo atrás
la nueva llevando—pronto á los demás:
de la hallada pista—nos vamos detrás,
¡una, dos veces, tres!
Al rayar la aurora—la tribu rugió
¡una, dos veces, tres!
¡Pies que van pisando—sin huella dejar!...
¡Ojos que en la noche—ven claro al mirar!...
¡Y gritos y estruendo—y torna á escuchar!...
¡Una, dos veces, tres!
NOTAS: