—Si hubieseis venido cuando os llamé no hubiera ocurrido esto, dijo Mowgli, corriendo mucho más aprisa.

—¿Y ahora que va á suceder? preguntó el Hermano Gris.

Iba Mowgli á contestar cuando una joven vestida de blanco comenzó á descender por un camino que venía desde un extremo de la aldea. El Hermano Gris desapareció inmediatamente, y Mowgli retrocedió, sin producir el menor ruido, hasta llegar á unos altos sembrados. Hubiera podido casi tocar á la muchacha con sólo alargar la mano cuando los tibios y verdes tallos se juntaron frente al rostro de él y le hicieron desaparecer como un fantasma. Chilló la joven, porque creyó haber visto un duende, y después dió un suspiro. Mowgli separó los tallos con las manos, y se quedó mirándola hasta que estuvo fuera del alcance de su vista.

—Y ahora no sé... dijo, suspirando á su vez. Pero ¿por qué no vinisteis cuando os llamé?

—Nosotros te seguimos... te seguimos siempre, murmuró el Hermano Gris, lamiéndole los talones á Mowgli... te seguimos siempre, excepto en la época del Lenguaje Nuevo.

—¿Y me seguirías tú hasta la manada de los hombres? dijo en voz muy baja Mowgli.

—¿No te seguí aquella noche en que nuestra manada te expulsó? ¿Quién fué á despertarte cuando tú dormías entre los sembrados?

—Sí, pero ¿volverías á hacerlo?

—¿No te he seguido esta noche?

—Sí, pero una... y otra vez... y quizá alguna más... Hermano Gris.