—¿Qué me importa á mí lo que la Selva piense? Á estas horas quizá él ha muerto ya.

—Á no ser que le dejaran caer por juego, ó que le mataran por pereza, no creo yo que haya que temer por el hombrecito. Él es listo, y bien enseñado está, y, sobre todo, cuenta con sus ojos, que atemorizan á todo el Pueblo de la Selva. Pero (y hay que reconocer que grave mal es éste) se halla en poder de los Bandar-log, que como viven en los árboles, no tienen miedo á nuestra gente. Bagheera se lamió, al decir esto, una de sus patas delanteras con aire preocupado.

—¡Tonto de mí! ¡Oh! ¡Cuán obeso, moreno y estúpido desenterrador de raíces soy! dijo Baloo desenroscándose de un brinco. Gran verdad es lo que afirma Hathi, el elefante salvaje, cuando dice que «cada uno tiene su miedo peculiar». Pues bien: ellos, los Bandar-log temen á Kaa, la serpiente de la Peña. Se encarama tan bien como ellos; les roba sus pequeñuelos por la noche... Su sólo nombre basta para helarles de espanto hasta las endiabladas colas. Vamos á ver á Kaa.

—¿Y qué va á hacer? No es de nuestra tribu, puesto que no tiene patas... y, además, la maldad está escrita en sus ojos, dijo Bagheera.

—Es muy vieja y muy astuta. Ante todo hay que pensar en que siempre está hambrienta, contestó Baloo esperanzado. Prométele muchas cabras.

—En cuanto come una, duerme un mes entero. Bien pudiera ser que estuviera durmiendo ahora; pero ¿y si se le antojara preferir el matar las cabras por su propia cuenta? Bagheera, que sabía muy poco de Kaa, se inclinaba, naturalmente, á la desconfianza.

—En tal caso, tú y yo juntos, vieja cazadora, la haríamos entrar en razón. Aquí Baloo frotó su hombro, de desteñido color moreno, contra la pantera, y ambos se alejaron en busca de Kaa, la serpiente pitón de la Peña.

Halláronla tendida al sol en el tibio reborde de una roca, recreándose en la contemplación de su hermosa piel nueva, porque acababa de pasar, cambiándola, diez días en el más completo retiro, y ahora estaba verdaderamente espléndida, con la enorme cabeza roma á lo largo del suelo, enroscado en fantásticos nudos y curvas el cuerpo de nueve metros de largo, y relamiéndose al pensar en la próxima comida.

—Está en ayunas, dijo Baloo con un gruñido de satisfacción, en cuanto vió la hermosa piel moteada de amarillo y de color de tierra. ¡Mucho cuidado, Bagheera! Queda siempre medio ciega después del cambio de piel, y ataca con la mayor facilidad.

No era Kaa serpiente venenosa (y la verdad es que despreciaba por cobardes á las de tal clase); pero su poder estribaba en su fuerza de presión, y cuando ella había envuelto á alguien en sus enormes anillos, bien podía darse ya por terminada toda lucha.