—¡Chito! Nag está en todas partes, Rikki-tikki. Tú debías haber hablado con Chua, allá en el jardín.

—Pues no lo hice... y por lo tanto eres tú quien va á hablar ahora. ¡Pronto, Chuchundra, ó te muerdo!

Sentóse Chuchundra y se puso á llorar de tal modo que las lágrimas le corrían por los bigotes.

—Soy un pobre desgraciado, exclamó sollozando. Jamás tuve la fortaleza de espíritu necesaria para correr por el centro de una sala. ¡Chito! Nada debo decirte. ¿No oyes, Rikki-tikki?

Púsose éste á escuchar entonces. La casa estaba completamente tranquila; pero le pareció que oía un rac-rac suavísimo, muy apagado (un ruido como el que causa una avispa caminando por el cristal de una ventana), el seco rumor que produce una serpiente al rozar sobre ladrillos.

—Esto es Nag ó Nagaina, pensó, que se introducen en la compuerta del cuarto de baño. Tienes razón, Chuchundra, dijo: debía haber hablado con Chua.

Fuése, deslizándose silenciosamente, al cuarto de baño de Teddy; pero como nada vió allí, dirigióse al de la madre del niño. En la parte baja de una de las paredes de estuco había un ladrillo levantado para que sirviera de compuerta por donde penetrara el agua del baño, y cuando Rikki-tikki entró, pasando por la orilla de los bordillos de cal y canto sobre los cuales está el baño, oyó á Nag y á Nagaina que hablaban muy bajo en la parte de afuera, á la luz de la luna.

—Cuando la casa esté vacía, dijo Nagaina á su marido, ella se verá precisada á marcharse, y entonces el jardín volverá á ser nuestro. Entra sin hacer ruido, y acuérdate de que el primero á quien hay que morder es al hombre que mató á Karait. Luego sal, ven á decírmelo, y juntos daremos caza á Rikki-tikki.

—Pero ¿estás segura de que ganaremos algo matando á la gente? preguntó Nag.

—Lo ganaremos todo. Cuando no había nadie en la bungalow ¿teníamos, acaso, alguna mangusta en el jardín? Mientras la bungalow esté deshabitada nosotros seremos aquí el rey y la reina; y acuérdate de que en cuanto los huevos que hemos puesto en el melonar se rompan y nazcan nuestros pequeñuelos (cosa que podría ocurrir mañana mismo), necesitaremos más espacio y mayor tranquilidad.