—No quieras ser Redentor porque puedes morir en cruz.
El poeta procuraba defenderse sonriendo.
Hoy Zantigua volvía á las andadas. No bien hubo entrado en la habitación; apenas hizo promesa de burla, y lanzó francas risotadas, como anticipo de la mofa, cuando comprendió Luzbel que estaba á punto de ser víctima de un interrogatorio, acaso de severa reprimenda.
Bien pronto vino á confirmar sus sospechas la pregunta de Zantigua:
—¿Desde cuándo no ves á Carmen?
—Desde hace poco tiempo, contestó.
—¿Y con qué motivo, puede saberse?
—Sí, señor, puede saberse: con motivo de una desgracia que le ha ocurrido.
Zantigua se amostazó. Cómo creía Luzbel en patrañas.
—¡Conque una desgracia! Pues, escucha: yo la he visto anoche, en un café, entre mozos, bebiendo y comiendo.