El poeta expresó que nada de particular tenía el que una mujer galante se divirtiese en un café, entre amigos.
Zantigua gritó:
—Es verdad; lo que sí tiene de particular, lo que tiene mucho de ridículo, es que esos amigos se rían de tí, se diviertan á tu costa.
—No te comprendo, querido.
Entonces Zantigua contó una escena de la noche precedente. Medio borracho uno de los comensales derramó la salsera en el traje de Carmen, un precioso traje color de fresa. Otro de los conviviales dijo, en tono guasón:
—Esto es un bautismo de salsa.
Alguno refiriendo el percance á la parte económica, y apostrofando al causante de la malaventura, exclamó:
—Judío, quieres arruinar á Carmen.
A tales voces, ella, radiante de júbilo y de vino, refirió cómo era posesora de rico ajuar, regalo de un amigo poeta. Y tu nombre, el nombre de Luzbel, comenzó á rodar mezclado con frases llenas de mala intención, frases cortadoras como navajas de afeitar.