—Por mis venas corre sangre de héroes.
Taciturno, austero, Juanito inspiraba en sus camaradas un sentimiento indefinible, extraña mezcla de antipatía y respeto.
El tema palpitante eran Perejil y Juanito. A la hora del almuerzo, en los corredores, en las habitaciones, por todas partes se entablaban diálogos.
—Hoy le bajan el gallo al jabonero.
—No sabemos, chico; ese Juanito no es tonto. Recuérda su estreno en el colegio.
—Aquello fue una casualidad. Perejil nunca quiso arreglarle cuentas. Pero ya ves; á cada cochino se le llega su San Martín.
En otras conversaciones salía peor librado el pobre Juanito. Una y otra parte le eran adversas. En un grupo decían:
—Es un presuntuoso.
—Y un cobarde.
—Me alegraré de que Perejil lo medio mate.