—Y yo.

—Y yo.

En ese momento ingresó Perejil al círculo, muy satisfecho de contar en su favor los sufragios de la mayoría.

—Saben ustedes una cosa, dijo: me contentaré con zambullir en el estanque á ese mal nacido. ¡Qué historia la de él, queridos; qué historia! Me la ha referido esta mañana el nuevo cartero. Son del mismo lugar.

Todos interrogaron á Perejil con la mirada y con la voz.

—Cuéntanos, chico, cuéntanos.

Pero Perejil no creyó caballeresco expresar lo que sabía acerca de Juanito.

En un instante corrieron mil versiones: Juanito era esto; Juanito era lo otro.

El día pasaba. Perejil, muy animado y decidor, secreteábase con los vecinos en la clase y lanzaba á todo el mundo miradas de perdón.

Sonaron las cinco. Los muchachos ya libres, como bandadas de palomas volaron al jardín.