—Lo dejaré para mañana, se dijo.

Al día siguiente á escondidas del Director, y valiéndose de alguno de los pocos amigos que contaba, envió la epístola.

Poco tiempo después D. Juan se presentaba en el colegio. Antes de ver al hijo amado, por medio del Director lo supo todo. Mientras escuchaba la relación, de los ojos de D. Juan brotaron chispas; chispas de orgullo por la viril conducta del hijo.

La primera entrevista de Juanito con su padre fue celebrada en el gabinete del Director.

—Papá.

—Hijo mío.

Y cayeron en brazos uno de otro.

Cuando Juanito se alzó tenía los ojos arrasados en lágrimas.

—Lo sé todo, hijo mío. No te condeno, decía D. Juan, muy contento de verse á solas con Juanito. Juanito le hizo conocer la rotunda resolución de abandonar el colegio.