—¿No he sido yo para tí padre, madre, todo....?

Una noche, al regreso del teatro, expresó D. Juan á su hijo el deseo de restituírse al terruño nativo.

—¿No te parece bien, Juanito? Mi pobre hermana está sola con mamá. La anciana necesita cuidados de todos; y María reclama un amparo.

Juanito convenía de buena gana. Entonces D. Juan tocó nuevamente el punto delicado. Al cabo de algún tiempo, cuando por ambas partes se creyese oportuno, Juanito regresaría á un colegio.

—Papá, yo no quiero seguir estudios; yo preferiría vivir con usted, siempre con usted, sin abandonarlo nunca.

Además, añadía el joven, que la abuelita no estaba bien, que....

Nada, sino que no transigía D. Juan. El tenía sus ideas. Malhumorado por la contrariedad y plantándose en el centro del cuarto, exclamó:

—Y bien, ¿qué es lo que tú deseas? ¿A qué aspiras? ¿Has pensado en tu porvenir?

Juanito, la cabeza baja, no respondía. El otro prosiguió: