—Me empeño en hacerte gente y lo rehusas. Sacrifico en tu obsequio mi ternura de padre, y no me lo agradeces. ¿Qué es lo que tú deseas? Respónde, Juan.

Juanito callaba; á media voz dijo:

—Papá....

—Papá, gritó D. Juan exasperado; tú no me complaces en lo que yo te pido. En cambio, ¿te he negado yo algo? ¿No tienes tú lo que todos tienen? ¿Qué te hace falta, dímelo?

Juanito alzó los ojos; quiso hablar, pero el dolor le echó un nudo al cuello.

D. Juan continuaba:

—¡Cuántos, cuántos quisieran lo que á tí te sobra! ¿Qué te hace falta, dímelo?

Juanito, también puesto en pie, los ojos húmedos de lágrimas y la voz temblante, repuso:

—Mi madre; me hace falta mi madre.