—Bueno, hijo, córre; invénta muchas noticias.
Horas después entraba Paolo triunfante en el zaquizamí.
Esa noche se comió; esa noche se devoraron, en forma de queso y pan, las noticias falsas de Paolo.
Desde entonces, todas las tardes, al salir el pregonero á su pregón, la buena mujer le hace esta invariable encomienda:
—Invénta muchas noticias, Paolo.
En todo esto viene pensando el pregonero, calle arriba, mientras vocea y reparte su periódico. Entre uno y otro grito habla consigo mentalmente. Y al pensar cómo granizan ahora los cuartos, en la faz se le dibuja la alegría, y sus ojos dicen cosas risueñas.
Hoy, apenas hubo recibido el diario con las noticias de Africa, malas noticias, para él buenas nuevas, corrió á todo correr, camino de su barrio.
Por uno como orgullo de campanario quería él que en su parroquia supiesen, los primeros, las cosas de Abissinia. Además, el barrio era populoso, y aunque humilde, á toda la vecindad le sobra manera de comprar un periódico, siempre que haya noticias de sensación.
El pregonero llega á la plaza de la parroquia. De donde quiera salen caras que le sonríen. Algunos lo interrogan familiarmente: