—Hijo ¿qué pasa? Escucho voces. Me parece que corren.

—Nada, madre; no es nada.

Y se percibe de nuevo el grito de Paolo.

Las manos de Lucio se crispan. Está nervioso. Los pesares de su madre, la infidencia de su querida, los recuerdos de su hermano, la ignominia de sus compatriotas, todo sube aquel momento á sus labios, todo se traduce en este rugido sordo:

—¡Maldito sea!

Entre tanto Paolo ha llegado junto al zapatero, y echa al aire su regocijo, en miradas y en voces:

L'Araldo: Ultime notizie dell' Abissinia. L'esercito in rotta. Morte del Generale Vicini.

La viejecita da un brinco en su acolchado asiento. Ahora sí escuchó bien distintamente. Lucio la ve desde el umbral, pálido y mudo.