La vejezuela grita:

—Cómpra el periódico, Lucio.

Y prosigue monologando:

—Ay, Dios, qué nueva desgracia. ¿Por qué no me llevas del mundo? ¡Qué será de mi hijo, de mi Genaro, Virgen Santísima!

A la vista del zapatero se le ocurre á Paolo una mentira sensacional. Nadie ignora por allí que Genaro pertenece al cuarto batallón. A todos, en el barrio, se los ha dicho la viejecita. La costumbre de fingir y contrahacer noticias trae á las mientes de Paolo una mentira estupenda; y allí, en las propias barbas de Lucio, prorumpe en voz vibrante:

L'esercito in rotta. Il quarto bataglione...

Pero no puede concluír. Los ojos y la mano de Lucio lo detienen.

—Dáme un periódico, ruje por lo bajo el zapatero, asiendo á Paolo de la blusa.

Y nervioso, colérico, empieza á ojear el diario. Paolo intenta zafarse y correr á su pregón; pero Lucio lo detiene. Los espectantes no comprenden qué pasa. Paolo enmudece y palidece de susto.