El huérfano fue padre. Se encontró, á los cinco lustros de su edad, jefe de una familia de mujeres. Con una educación superficial, educación de diletante que todo lo desflora sin profundizar en nada, con hábitos de lujo, inhábil para otro ejercicio que no fuera el amor, la galantería, aquel joven cortesano, hecho de pronto gladiador en la lucha por la vida, entró en el circo mal armado, y regó la arena con sangre, y abrió surcos con su cuerpo y marcó huellas de lágrimas.
Bello como un San Jorge, dulce por temperamento, fino por educación, este enamorado, lirio de los salones, languidecía al golpe violento del huracán. Su tallo se cimbraba, pronto á partirse; su corola de nieve, abatida, besaba el polvo.
Eudoro meditaba en todo esto. Se comprendía débil sin querer confesárselo á sí mismo. Su ensayo de hombre fuerte fue un fracaso. Sin darse cuenta de ello, Eudoro era una víctima: víctima de sus abuelos ociosos, galantes y soñadores; víctima de su educación; víctima de su medio. Del espíritu emprendedor, marcial y aventurero de su padre no tenía Eudoro. Era más bien como uno de sus antepasados maternos: hermoso, enamorado; poeta cuya mejor canción era su propia juventud; espíritu contemplativo; incapaz para el combate, apto para el placer.
Eudoro sufría mucho esta tarde. Su último dolor le rompía el alma. Amaba, amaba de veras, como nunca amó. Aquello no era un amor, sino el amor. El padre de la hermosa adorada no transigía con Eudoro; mataba el sentimiento en el corazón de la niña; la distanciaba del gentil mancebo; y hacía de su voluntad, dique, para que aquella pasión no rodara sus crecientes linfas en el seno de la beldad.
Eudoro comprendía que su indigencia era su perdición. Por eso pensó en su padre, en los buenos días dorados, en su infancia risueña y feliz.
De súbito se incorporó, y dirigiéndose como á un interlocutor invisible, dijo rabiosamente:
—Me hubiera muerto niño.
Se respondía con esto á una pregunta esbozada en su ánimo, á una pálida aspiración de aniquilamiento.
Recordando al padre de la niña, rugió: