No en este poeta de esos baladistas de liras perezosas, de esos eternos rimadores de las eternas novelas de amor, largas y pálidas, ni de esos cantores del odio, ridículos y falsos, ni de esos trovadores de sus vicios que manchan el ala de los versos. Adivino en este poeta, un gentil poeta primaveral, un frívolo poeta del amor frívolo, coronada la frente con las dulces rosas de Meleagro, y perfumados los labios con el viejo vino lírico del viejo Anacreonte. Pero si de Anacreonte y de Meleagro tiene la sensualidad, el refinamiento, el amor á la canción frágil y alada, esa perla del arte, no es repetidor servil de ningún viejo hacedor de rimas. Este es un poeta exótico entre los poetas de su país: por la inspiración, que es original, y por la extraña manera de sus versos, labrados al capricho de su musa rebelde, como fúlgidas joyas florentinas.

Pues bien, este poeta encantador, este noble prosista, ha publicado un libro muy bello. Trovadores y Trovas se titula el libro. Y el libro es una antología de poetas y de versos.

A. Fernández García.


Trovadores y Trovas como indica su título, está dividido en dos partes, constituyendo la primera una serie de artículos crítico-biográficos en que el autor estudia y aplaude á sus bardos predilectos, y siendo la segunda joyero de vibrantes y exquisitas rimas, reveladoras de un verdadero poeta, inspirado y refinadísimo.

Prosa y verso, todo en el libro del señor Blanco Fombona es pulcro y cincelado, en todo se ve la obra de un gran temperamento artístico, de factura modernista.

(El Fígaro.—Habana.)


New York: 27 de febrero de 1899.

Al señor Luis Berisso.