4 Con mi voz clamé al SEÑOR, y [él] me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)

5 Yo me acosté, y dormí, y desperté; porque el SEÑOR me sustentaba.

6 No temeré de diez millares de gente, que pusieren cerco contra mí.

7 Levántate, SEÑOR; sálvame, Dios mío; porque [tú] heriste a todos mis enemigos [en la] quijada; los dientes de los malos quebraste.

8 Del SEÑOR [es] la salud: Sobre tu pueblo [será] tu bendición. (Selah.)

CAPÍTULO 4

1 Al Vencedor, en Neginot: Salmo de David. Respóndeme cuando llamo, oh Dios de mi justicia. Estando en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración.

2 Hijos de [los] hombres, ¿hasta cuándo [volveréis] mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah.)

3 Sabed pues, que el SEÑOR hizo apartar al pío para sí; el SEÑOR oirá cuando yo a él clamare.

4 Temblad, y no pequéis. Meditad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.)