Fatídicos eran los presagios: mi padre vaticinaba mi muerte en breve plazo; los amigos me daban por definitivamente fracasado.
Y en principio, mis censores discurrían atinadamente. Es incuestionable que, en la mayoría de los casos, la vanidad femenil, junto con las necesidades y afanes del hogar, acaparan financieramente toda la actividad mental del esposo, á quien se impone, con todo su desolador prosaísmo, el conocido primum vivere... Mas en los negocios humanos es preciso, para acertar, fijarse, más que en las reglas, en las condiciones individuales, en las tendencias y sentimientos íntimos. Olvidamos á menudo que, en la sociedad conyugal, al lado de factores económicos, actúan también resortes éticos y sentimentales decisivos, á cuyo influjo prodúcense impensadas y casi siempre felices metamorfosis de la personalidad física y moral de los esposos. En virtud de estas transformaciones mentales y de la consiguiente integración de actividades, la sociedad conyugal constituye una personalidad superior, capaz de crear valores intelectuales y económicos enteramente nuevos ó apenas latentes en los sumandos.
Por no haber tenido en cuenta estos factores, fallaron de medio á medio las profecías de los amigos. Físicamente, mejoré á ojos vistos, reconociendo todos que, desde mi regreso de Cuba, jamás fué mi estado tan satisfactorio. Mi mujer, con una abnegación y una ternura más que maternales, se desvelaba por cuidarme y consolidar mi salud. En cuanto al tan cacareado abandono del estudio y de toda ambición elevada, bastará hacer notar que años siguientes, y cuando ya tenía dos hijos, publiqué mis primeros trabajos científicos y gané por oposición la cátedra de Anatomía de Valencia.
La armonía y la paz del matrimonio tienen por condición inexcusable el que la mujer acepte de buen grado el ideal de la vida perseguido por el marido. Por consiguiente, malógranse la dicha del hogar y las más nobles ambiciones cuando la compañera se erige, según vemos á menudo, en director espiritual de la familia, y organiza por sí el programa de los trabajos y aspiraciones de su cónyuge. Bajo este aspecto, debo confesar que jamás tuve motivo de disgusto.
Lejos de lamentar, según les ha ocurrido á muchos aficionados á la ciencia ó al arte en España[12], esa derivación casi exclusiva de las rentas hacia las disipaciones y vanidades del vestir, del teatro ó del lujo doméstico, sólo hallé en mi compañera facilidades para costear y satisfacer mis aficiones y continuar mi carrera. No hubo, pues, dinero para perifollos, teatros, coches y veraneos, pero sí para libros, Revistas y objetos de Laboratorio. Y aunque estos elogios parezcan extraños y aun inconvenientes en mi pluma, complázcome en declarar, que no obstante una belleza que parecía invitarla á lucir en visitas, paseos y recepciones, mi esposa se condenó alegremente á la obscuridad, permaneciendo sencilla en sus gustos, y sin más aspiraciones que la dicha tranquila, el buen orden en la administración del hogar y la felicidad del marido y de sus hijos. Que, dados mi carácter y tendencias, mi elección fué un acierto, reconociéronlo pronto mis progenitores, singularmente mi madre, que acabó por querer sinceramente á su nuera, con quien compartía tantas virtudes domésticas y tantas analogías de gustos y carácter.
Digamos ahora algo de mis primeras producciones científicas. Según es de presumir, tales ensayos (en número de dos, publicados en Zaragoza en folleto aparte), fueron bastante flojos.
El primero de ellos, intitulado: Investigaciones experimentales sobre la inflamación en el mesenterio, la córnea y el cartílago, apareció en 1880, ilustrado con algunos grabados litográficos que ejecuté yo mismo[13], falto de recursos para pagar el trabajo de un artista. Discutíase entonces con calor entre los anatomo-patólogos la cuestión del mecanismo íntimo de la inflamación, y singularmente el interesante problema del origen de los glóbulos de pus. La mayoría de los sabios, siguiendo á Virchow, admitían que estas células provienen de la multiplicación de los elementos conectivos del tejido inflamado; los menos, inspirados en los trabajos de Cohnheim, preferían considerar aquellos glóbulos como leucocitos emigrados de la sangre. Deseando formar opinión personal sobre el asunto, examiné experimentalmente el tema debatido, reproduciendo y analizando esmeradamente los famosos experimentos de Cohnheim sobre el mesenterio inflamado de la rana curarizada. Por desgracia, estaba yo entonces harto influído por las ideas de Duval, Hayem y otros histólogos franceses (que negaban la diapédesis de los glóbulos blancos) y fuí arrastrado á una solución sincrética ó de transacción, errónea conforme suelen ser en ciencia casi todas las opiniones diagonales. Proclamé, pues, la doctrina de Virchow tocante al origen de los glóbulos de pus y células conectivas embrionarias de la cicatriz, y reputé el fenómeno de la emigración de los leucocitos, no cual proceso constante de la flogosis, sino como un episodio extraordinario, acaecido solamente cuando los tejidos sufren accidentalmente tracciones ó graves deterioros mecánicos.
Prescindiendo de la tesis principal, contiene este folleto bastantes detalles nuevos acerca de las modificaciones de las células de los tejidos inflamados (córnea, cartílago, mesenterio); se señala en él por primera vez la capacidad fagocítica de las plaquetas de la sangre; se estudian prolijamente las alteraciones del cemento inter-epitelial del peritoneo y de los capilares, etc.; pequeñas novedades que, al igual de todo lo que dí á la estampa por aquellos tiempos, pasaron absolutamente desapercibidas de los sabios. Ni podía ocurrir otra cosa escribiendo en español, lengua desconocida de los investigadores, y haciendo tímidas ediciones de 100 ejemplares, que se agotaban rápidamente en regalos á personas ajenas á mis aficiones. De todos modos, con el olvido de estas menudas aportaciones, no se perdió cosa mayor.
De más enjundia y de sabor más severamente objetivo fué mi segundo trabajo, aparecido también en Zaragoza bajo el título de Observaciones microscópicas sobre las terminaciones nerviosas en los músculos voluntarios, é ilustrado con dos láminas litografiadas iluminadas á mano. En esta monografía se explora, con los métodos entonces en boga (el del cloruro de oro y el del nitrato de plata ordinario), el modo de terminar las fibras nerviosas sobre los músculos estriados de los batracios, confirmando en principio las descripciones, entonces muy discutidas, de Krause y Ranvier[14]. Como positiva contribución al conocimiento del tema, descríbense en dicho folleto algunos tipos nuevos de arborización nerviosa terminal (cuatro variedades); se expone un interesante perfeccionamiento del método de Cohnheim al nitrato de plata (tratamiento previo de los músculos por el agua acetificada) y se aplica, en fin, por primera vez, al teñido del sistema nervioso periférico el nitrato argéntico amoniacal, reactivo que, andando el tiempo y en las manos de Fajersztajn y Bielschowsky, había de ser fundamento de valiosos métodos de impregnación de las fibras y células nerviosas.
No obstante la mediocridad de los resultados, dichos ensayos de labor inquisitiva fueron para mí muy educadores. Me trajeron el conocimiento de mí mismo y el conocimiento de la psicología de los sabios.