Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco de política. Sin afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del Suizo tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo. Ella comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre en el más acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la vida nacional; prorrumpió en gritos de indignación contra las arbitrariedades é injusticias del caciquismo, y lloró con lágrimas de rabia las inconsciencias é insensateces que prepararon las ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió clamorosamente la literatura de la regeneración; se recogieron firmas para el célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble campaña el malogrado apóstol de la europeización española. Persuadidos con el «solitario de Graus» de que la prosperidad de nuestro país estriba en la «escuela y la despensa», expusimos y contrastamos reiteradamente los métodos de la pedagogía científica y las medidas políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar al menos, la incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en fecha recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea, que no es, como se complacen en propalar espíritus candorosos tocados de abogadismo incurable, el conflicto por los mercados ni la pugna entre dos concepciones antitéticas del Estado, sino muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el choque inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas por la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en suma, si á veces nos dejamos cautivar por el frívolo placer de la divagación ó de la chismografía, supimos también elevarnos á menudo sobre las pequeñas miserias de la vida, sentirnos cada vez más humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por senderos de paz y de amor hacia luminosos ideales...

Hora es ya de terminar esta larga digresión (que acaso habrá aliviado al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis iniciativas científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893.

¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron, entre otros menos apremiantes, la estructura de la retina de los peces y aves, singularmente de la foseta central; la organización del Asta de Ammon y corteza occipital del cerebro, y, en fin, la disposición del gran simpático visceral. Cediendo á un hábito inveterado en mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo, en las ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar alternativamente la atención por dos ó más campos de investigación: se aprovecha mejor el material de trabajo y rinden los métodos más rica cosecha. Aunque parezca paradójico, dos ó tres temas de estudio cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente la misma cuerda, acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada, cuando se siente uno en vena de producir, conviene forzar la suerte, acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería.

No tema el lector una exposición circunstanciada de mis trabajos de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar solamente las adquisiciones científicas más salientes.

1. Comencemos por la retina. Según recordará el lector, mis exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en Barcelona. Mas deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores, abarcando con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba, sobre todo, atacar el problema estructural de la fovea centralis, paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma acuidad visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material de trabajo. Al efecto, entablé tratos con un alimañero profesional, que me proveyó de culebras, lagartos, mochuelos, cornejas, lechuzas, gallipatos, salamandras, percas, truchas, etc., vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme varios ejemplares del interesantísimo camaleón, la joya de los reptiles, habitador constante de las dunas gaditanas. Con este copioso material mi cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis notas rebosaban de pormenores descriptivos. Tan rica mies movióme á adelantar una comunicación sobre la retina de los peces, que se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio Bolívar, en los Anales de la Sociedad de Historia Natural[116], y á redactar ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en La Cellule[117], reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma, resultó voluminoso libro que mereció, años después, los honores de una traducción alemana[118].

Fig. 39.—Corte de la retina de la perca. Figura semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de mis investigaciones. —A, B, C, cauces específicos de la impresión recogida por los bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación recolectada por los conos; G, H, morfología de las células horizontales; a, i, elementos especiales de la retina de los peces.

Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo citaré, de entre los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que hoy, leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida después, halagan más agradablemente mi vanidad de hombre de laboratorio.

a) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy singularmente en los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á la de los mamíferos, de aquellos dos tipos de células bipolares hallados un año antes en la membrana visual de los mamíferos, esto es: la célula colosal de ramaje exterior articulado con los bastones, y la célula pequeña de dendritas discretas conexionadas con los conos. En la figura 39, que copia una sección de la retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos de bipolares. En ella aparecen también otros hallazgos menos importantes. Ejemplo: el de un tipo celular especial de la capa de los granos internos (I) y el del axon de diversos tipos de células horizontales (a, G, H).

b) Desentrañamiento de la estructura de la foseta central de la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco conocida hasta entonces á causa del limitado poder revelador de los preparados comunes (cortes teñidos de hematoxilina, soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los cortes bien impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición, naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos mamíferos dotados de foseta), los pájaros y aves de rapiña (jilguero, golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón, animales donde los citados recursos analíticos muéstranse, por fortuna, singularmente propicios.

Esta estructura especial aparece reproducida esquemáticamente en la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables de su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese cómo cada pie de estos corpúsculos visuales contrae articulación individual con un solo minúsculo penacho ascendente de célula bipolar (b). Tan exquisita independencia de los cauces visuales, mantiénese también en la zona plexiforme interna, donde se advierte que cada arborización inferior de bipolar de cono entra exclusivamente en contacto con el doble ramaje de un corpúsculo gangliónico (tercera neurona visual) (C). Para facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de la retina. Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de los conos con las bipolares no son individuales, sino colectivas y bastante difusas y extensas (c); lo que explica perfectamente la indistinción y vaguedad de las imágenes recogidas por dicho territorio retiniano. Á mayor abundamiento, cada ganglionar (C2) recoge las impresiones transmitidas por varias bipolares (f). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de la fovea hubiéranse organizado según este plan, habríanse frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de los conos, condiciones anatómicas decisivas, según es notorio, del exquisito poder diferenciador de la foseta. He aquí una nueva demostración de que la naturaleza procede siempre en sus creaciones con arreglo á la economía más estricta y á la más severa lógica.