Intenta de Tarquino el artificio
A tu pecho, Lucrecia, dar batalla:
Ya amante llora, ya modesto calla,
Ya ofrece toda el alma en sacrificio.
Y cuando piensa ya que mas propicio
Tu pecho á tanto imperio se avasalla,
El premio, como Sísifo, que halla
Es empezar de nuevo el ejercicio.
Arde furioso y la amorosa tema
Crece en la resistencia de tu honra,
Con tanta privacion mas obstinada.
¡Oh providencia de deidad suprema!
Tu honestidad motiva tu deshonra,
Y tu deshonra te eterniza honrada.
XIII.
La esposa de Pompeyo.
La esposa heroica de Pompeyo altiva,
Al ver su vestidura en sangre roja,
Con generosa cólera se enoja
De sospecharlo muerto y estar viva.
Rinde la vida en que el sosiego estriva
De esposo y padre, y con mortal congoja
La concebida sucesion arroja,
Y de la paz con ella á Roma priva.
Si el infeliz concepto que escondia
En sus entrañas Julia, no abortara,
La muerte de Pompeyo escusaria.