¡Oh tirana fortuna! quién pensara
Que con el mismo amor que le tenia,
Con ese mismo amor se la causara!

XIV.

A Porcia.

¿Qué pasion, Porcia, que dolor tan ciego
Te obliga á ser de tí fiera homicida?
O ¿en qué te ofende tu inocente vida
Que así le das batalla á sangre y fuego?

Si la fortuna airada, al justo ruego
De tu esposo se muestra endurecida,
Bástele el mal de ver su accion perdida,
No acabes con tu muerte su sosiego.

Deja las brasas, Porcia, que mortales
Impaciente tu amor elegir quiere;
No al fuego de tu amor el fuego iguales;

Porque, si bien de tu pasion se infiere,
Mal morirá en las brasas materiales
Quien en las llamas del amor no muere.

XV.