Mueran contigo, Laura, pues moriste,
Los afectos que en vano te desean,
Los ojos á quien privas de que vean
La hermosa luz que un tiempo concediste.
Muera mi lira infausta en que influiste
Ecos, que hoy lamentables te vocean;
Y hasta estos rasgos mal formados sean
Lágrimas negras de mi pluma triste.
Muévase á compasión la misma muerte
Que precisa no pudo perdonarte,
Y lamente el amor su amarga suerte;
Pues si ántes ambicioso de gozarte
Deseó tener ojos para verte,
Ya le sirvieran solo de llorarte.
XXVIII.
Quejas de la autora por los aplausos de que era objeto.
¿Tan grande ¡ay hado! mi delito ha sido,
Que, por castigo de él ó por tormento,
No basta el que adelanta el pensamiento,
Sino el que le previenes al oido?
Tan severo en mi contra has procedido,
Que me persuado de tu duro intento,
A que solo me diste entendimiento
Porque fuese mi daño mas crecido.
Me diste aplausos para mas baldones,
Subir me hiciste para penas tales;
Y aun pienso que me dieron tus traiciones