Glorias á mi desdicha desiguales,
Porque viéndome rica de tus dones
Nadie tuviese lástima á mis males.

XXIX.

Píramo y Tisbe.

De un funesto moral la negra sombra
De horrores mil y confusiones llena,
En cuyo hueco tronco aun hoy resuena
El eco que doliente á Tisbe nombra,

Cubrió la verde matizada alfombra
En que Píramo amante abrió la vena
Del corazon, y Tisbe de su pena
Dió la señal, que aun hoy al mundo asombra.

Mas viendo del amor tanto despecho
La muerte, entonces de ellos lastimada,
Sus dos pechos juntó con lazo estrecho.

Pero ¡ay de la infeliz y desdichada
Que á su Píramo dar no puede el pecho
Ni aun por los duros filos de una espada!

XXX.