D. Cár.—Señora, escucha....

Dª. Leo.—[Desconociéndole] Hombre, aparta,
Yo te he dicho que me dejes.

D. Cár.—Escucha, hermosa doña Ana,
Mira que don Cárlos soy
A quien tu piedad ampara.

Dª. Leo.—Don Cárlos ha dicho, ¡cielos!
Y hasta en el habla jurara
Que es don Cárlos, y es que como
Tengo á Cárlos en el alma,
Todos Cárlos me parecen,
Cuando él (¡ay prenda adorada!)
En la prision estará.

D. Cár.—Señora....

Dª. Leo. Apartad, que basta
Deciros que me dejeis.

D. Cár.—Si acaso estais enojada,
Porque hasta aquí os he seguido,
Perdonad, pues fué la causa
Solamente el evitar
Si algun daño os amenaza.

Dª. Leo.—¡Válgame Dios! lo que á Cárlos
Se parece!

D. Juan.—En fin, ingrata
¿Con tal rigor me desprecias?

(Sale Celia con luz.)