Celia.—A ver si está aquí mi Ama;
Para sacar á don Juan
Que oculto dejé en su cuadra
Vengo; mas ¿qué es lo que veo?
Dª. Leo.—¿Qué es esto? ¡el cielo me valga!
¿Cárlos no es este que miro?
D. Cár.—Esta es Leonor, ó me engaña
La aprension....
Dª. Ana.—¿Don Juan aquí?
¡Aliento y vida me faltan!
D. Juan—¿Aquí don Cárlos de Olmedo?
Sin duda que de doña Ana
Es amante, y que por él,
Aleve, inconstante y falsa
Me trata á mí con desden.
Dª. Leo.—¡Cielos! en aquesta casa
Cárlos, cuando amante yo
En la prision le lloraba!
En una cuadra escondido,
Y á mí, pensando que hablaba
Con otra, decirme amores!
Sin duda que de esta dama
Es amante; pero ¿cómo
(Si es ilusion lo que pasa
Por mí) si á él llevaron preso,
Y quedé depositada?
Yo toda soy un abismo
De penas.
Don Juan á doña Ana.—¡Fácil, liviana!
¿Estos eran los desdenes,
Tener dentro de tu casa
Oculto un hombre? (¡Ay de mí!)
¿Por esto me desdeñabas?
Pues ¡vive el cielo, traidora!
Que pues no puede mi saña
Vengar en tí mi desprecio,
Porque aquella ley tirana
Del respeto á las mujeres
De mis rigores te salva,
Me he de vengar en tu amante.
Dª. Ana.—Detente, don Juan, aguarda.
D. Cár.—Son tantas las confusiones
En que mi pecho batalla,
Que en su varia confusion
El discurso se embaraza,
Y por discurrirlo todo,
No acierto á discurrir nada.
¿Aquí Leonor? ¡cielos! ¿cómo?
Dª. Ana.—¡Detente!