Dª. Ana.—Porque quiero ahora.
Que te diviertas oyendo
Cantar.
Dª. Leo.—Mejor mis congojas
Se divirtieran sabiendo
Esto que es lo que me importa
Y así...
Dª. Ana.—Con decirte que
Fué una contingencia sola
Te respondo. Mas mi hermano
Viene.
Dª. Leo.—Pues que yo me esconda
Será preciso.
Dª. Ana.—Antes no,
Que ya yo de tu persona
Le dí cuenta, porque pueda
Aliviarte en tus congojas;
Que al fin los hombres mejor
Diligencian estas cosas,
Que nosotras.
Dª. Leo.—Dices bien;
Mas no sé qué me alborota.
(Sale don Pedro)
Mas ¡cielos! ¿qué es lo que miro?
¿Este es tu hermano, señora?
D. Ped.—Yo soy, hermosa Leonor;
¿Qué os admira?
Dª. Leo.—¡Ay de mí! toda
Soy de mármol... ¡Ah fortuna!
Que así mis males dispongas,
Que á la casa de don Pedro
Me traigas!